Era un día frío de invierno en Nueva York. Las frías hojas caídas alfombraban las aceras, afanando en su limpieza a los porteros de las lujosas casas que bordean Central Park. El ajetreo diario se veía reducido por las lluvias, y cientos de paraguas recorrían las calles, cobijando a sus ciudadanos atareados. Una mujer, Meredith, llegó a la casa de Walter José con noticias inesperadas que tenían que ver con varios amigos y algún empleador de los investigadores.
En Broadway, los investigadores protagonistas de esta historia se encontraron frente la fachada del Teatro Knickerbocker, tras una visita de Walter José a la casa de Mac Stephenson, padre de Meredith. Todos coincidían; sus amigos habían desaparecido y el último lugar al que habían ido era el teatro, a la premiere de "Lo que Océano trae", de Dorian Henssylett.
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| Martina Henssylett |
o con la chaqueta de Björn puesta (un detalle) acompañando a Walter José. Angélica descubrió a un carpintero, que dijeron se llamaba Peter von Mises, algo nervioso y que se marchó rápidamente entre bambalinas. Al seguirle, hasta una puerta cerrada, Angélica trabó conversación con un italiano encargado de la iluminación, Francis Mellionanzze, al que le gustaba ir al hipódromo y jugarse hasta el cuello de la camisa. Volvieron los tres investigadores al escenario y, en la parte posterior, decidieron investigar a von Mises. Bajaron a un sótano donde, entre cajas y tubos de ventilación o tuberías, algo pasó raudo a su lado, peludo, enorme y con muchas patas... El olor además era intenso, extraño, y allí vieron el camastro del carpintero, rodeado de sacos terreros y alambre de espino. Tras él, un cajón enorme del que, sorprendidos, oyeron voces. Abrieron dicho cajón y, entre heces y vasijas de comida y agua estropeadas, encontraron a una familia. Dick y Mona Bretten, junto a sus dos hijos. Justo en ese momento, von Mises volvía del retrete, confuso, extrañado. Walter José quiso evitar un escándalo y para ello logró convencer a la familia de Dakota para que se marcharan con casi 700$ y en silencio. El contable, Barlow, aceptó mirando de través en las oficinas, y de paso buscó la carta de recomendación que había permitido contratar a Ezequiel y Abijah como acomodadores, pero no la halló.
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| Peter von Mises, cuando era militar... |
Dispuestos a marcharse, aún registraron un poco más el teatro, y en el camerino de Maximilian Pferet, donde estaba haciendo arreglos, encontraron ¡A una mujer! Escondida en la funda del inmenso chelo. Pferet aseguró no entender, ni saber, pero tras pagarle a la moza 60$, se marchó a su ciudad, en Springfield.
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| Maximilian Pferet, músico, secuestrador, un amigo |
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| Percival Jeremiah , padre defraudado |
Más tarde, acudieron al hotel Waldorf, para charlar con el padre de Dorian, previa búsqueda de sus empresas en el registro mercantil. Allí vieron la carta que un tal Liu Le había enviado junto a la fascinante suma de 75000$ para permitir que se representara la obra. El padre, Percival Jeremiah, casi deseó que su hijo fracasara...
Tras estas pistas, al día siguiente decidieron ir a la fiesta que daba Dorian, en la mansión Henssylett, En esa mansión, un bello edificio de ladrillo rojo frente a Central Park, se iba a desarrollar otra parte del drama. Allí se encontraron con varios personajes pintorescos:
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| Winston Macey |
- Winston Macey, un tipo galés, de unos 50-55 años, bronceado y de profesión, ¿cazador ricachón? que charlaba amigablemente con el maduro profesor de literatura, el bostoniano James Wakefield, y su esposa.
- James Wakefield, de unos 45-50 años, amigo de Dorian, y su distraída esposa, Laura. Barba cana, aspecto cansado, chaqueta con coderas y gafitas de lente redonda metálicas, todo el tiempo frotándose el muslo derecho...
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| Johnny Royale |
- Johnny Royale, untoso, unos 30-35 años, de bigotito fino y que se pasó la noche ligando con las coristas. Un sureño de Nueva Orleans cálido y amable.
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| Un ruso sin nombre |
- Oscar Menhino Lopes, un brasileño tatutado y mayor, quizá en los 60, de pelo blanco, que estaba sólo, aislado en un rincón y fue echado en cuanto se acercó al libreto de "Lo que océano trae", exclamando en la calle un ""El Coro Negro no se olvida" y que intercambió tarjetas entre el frío con Walter José.
Aparte había gente del teatro, incluyendo a los dos gañanes acomodadores que ejercían de aparcacoches... La fiesta transcurrió con cierta calma, escuchando canciones de Erick Satie, interpretadas por Pferet. Entonces, justo cuando iban a buscar a Martina, apareció Dorian primero, vestido a la Eduardiana y marcando el paso al ritmo de una opereta de Gilbert y Sullivan.
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| Dorian, autor, intelectual arrebatado, plasta de libro. |
Dorian interpretó algunos párrafos de su libreto, perturbando durante instantes a los investigadores y arrancando aplausus de la "brigada del canapé" formada por intelectuales palmeros:
“Dicen que 666 es el número de la bestia, pero eso es porque lo han visto desde las antípodas de la realidad, 999, y aquel que lo descubra, será el milenario que disloque las estrellas.
En las aguas tan profundas, ningún amor escapa, ni siquiera el sueño del mismo, pues aquel amor que fue y será, nunca dejará de soñar, y ni la muerte puede morir entre sus brazos.
Nadie puede contar los suspiros que lancé por ti, ni siquiera las aguas turbias del Océano que me devolvió tantas miradas enloquecidas.
Agita emociones desde simas insondables, excita sueños de locura y extrañas visiones de mundos que están más allá de nuestros sentidos. Él mece las olas que bañan nuestras costas, llevando en la sal y espuma a sus siervos. Su nombre es impronunciable, pues es anterior al hombre, anterior incluso a nuestro mundo.”
En esos momentos la fiesta empezó a perder fuelle, ya que el profesor Wakefield se marchó con su esposa Laura (¿O era Valentine?) aunque no sin antes vivir un episodio embarazoso cuando los investigadores ofrecieron sus servicios médicos al profesor, que marchó aduciendo que montaría pronto en Central Park con su mujer y debía descansar.
Cansados, los investigadores se fueron cada uno a su casa... y allí, soñaron.
Diremos poco del sueño, pues los sueños son eso. Pero conocieron a un nuevo actor, o actriz, en el drama. La Ramera... Tras ofrecer respuestas a sus preguntas a cambio de lo que ella pidiera, Angélica hizo una ofreciendo su muela. Y logró respuesta, sí. "Aquellos que buscáis no están en este lugar, ni tampoco en el vuestro, si no en otro lugar...". Después, despertó con la boca sanguinolenta y un hueco en las encías. el despertar fue amargo y doloroso, máxime porque el Ratoncito Pérez no había dejado ni un centavo...
Y tras ese sueño, la sesión terminó, a poco de que se estrene, en el teatro Knickerbocker, "Lo que océano trae".
Fin de la primera sesión.
Y tras ese sueño, la sesión terminó, a poco de que se estrene, en el teatro Knickerbocker, "Lo que océano trae".
Fin de la primera sesión.










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