lunes, 8 de abril de 2019

Capítulo 2. "A la caza de un hombre en Nueva Orleans" (Segunda Sesión)

Los investigadores, tras los sucesos del teatro Knickerboker, tenían preguntas sin respuesta. Y alguien, repentinamente, se ofrecía a responder todas (o eso parecía) sus preguntas... pero había que ir a Nueva Orleans para obtenerlas. La ciudad del Jazz y la Media Luna...


Los investigadores decidieron ir en tren. Llegaron tras un viaje de tres días a Nueva Orleans, parando en Boston pero sin descender a la bella ciudad de John Wakefield... Una vez en NO, toparon con una ciudad alegre que estaba en plena vorágine del Carnaval y preparaciones del Mardi Gras. En la estación toparon con un par de polis que, pensaron, estaban de parte de la ley. Luego de lograr habitación en el carísimo hotel Congo (como unos huéspedes que parecían japoneses), se marcharon al edificio Hibernia, el único rascacielos de la ciudad.

Allí estaba la oficina de correos y telégrafos desde donde les enviaran el telegrama. Mientras preguntaban a una empleada por Bellamy Burton, se toparon con un tipo llamado Alex Delarge que les ofreció alojarse en la calle Gallatin, en "una pensión muy coqueta". Aceptaron la tarjeta con la dirección y alquilaron un coche, tras buscar en la guía local a algún Burton, encontrando únicamente a una tal Angélica. Su tocaya pensó que sería su hermana o esposa, y marcharon en coche a la plantación de los Burton. No sin antes notar cómo Delarge llamaba a alguien y tomaba lo que a todas luces parecía la matrícula de su Ford alquilado...

Decidieron abandonar el coche cerca del lago Portchartrain y tomar un taxi, y con él llegar a la plantación. Allí, otro vehículo parado arrancó nada más llegar ellos...

Plantación descuidada de los Burton

Pasaron la verja oxidada, contemplando los enormes árboles que hacían dominio de un terreno protegido por una valla sucia y que necesitaba pintura, y entraron en el jardín descuidado de los Burton. Césped sin cortar, árboles sin podar, una fuente que ya no echaba agua, una pajarera abandonada... la fachada neobarroca se encontraba desconchada y necesitada de pintura. Un negro, "Chef" Miloú, les recibió volviendo del campo, y avisó a la señorita Burton. Allí, en el porche, les abrió una bellísima mujer, de unos 45 años, lánguida, alta, las piernas largas y preciosas, fumando. Vestía un ligero vestido estampado en flores, azul oscuro, y un maquillaje que realzaba su belleza, además de un buen peinado. Les invitó desganada a tomar un té con pastas, mientras les comentaba con toda calma, que "Bíbí", Bellamy Burton, había desaparecido.

Bellamy Burton, "BíBí" para los amigos (foto que ningún investigador pidió pero oye... había una en una mesa...)
Les habló de él, de su trabajo periodístico, de su viaje a México en 1916 y cómo había desaparecido hasta 1920 reclamando su trabajo en el Lousiana Courier. De su cojera, su relación con una mulata cantante de clubs de Jazz, Erika Thielmann, que había matado toda esperanza en Angélica de casarse con un partidazo como Jean Lafitte, un prohombre.Y quejándose de su soltería y de unos extraños perros que le acechaban de noche (cuyas garras posteriormente descubrieron en la fachada... a alturas interesantes de las ventanas) les permitió revisar la habitación que ocupaba en sus escasas estancias su hermano, tras darse cuenta los investigadores de que no habían pedido ir a verla. Allí tuvieron otra sorpresa.

La austera habitación, tan dejada como el resto de la casa, tenía entre dos muros un boquete amplio, con restos de un símbolo tallado en el centro del boquete. Dentro, entre los dos muros, un hatillo de ropa, una especie de sotana o túnica oscura con capucha, y tres símbolos que hicieron temblar un tanto de extrañeza a los personajes.

Medallón de la EOD


Medallón Símbolo Arcano
Medallón Iglesia Sabiduría Estelar

Además de los símbolos, se encontraron un par de entrevistas viejas de BB a Jean Lafitte y al Inspector de policía Legrasse, que inquietaron a los investigadores mientras leían, junto a una arrugada tarjeta de visita de un tal Alberto del Río, librero, y un informe psiquiátrico algo delirante.

La plantación no ofreció más información. Una lánguida y distante Angelica Burton les dejó marchar, acompañándoles a la puerta.







De vuelta a NO, no sin antes ponerse nerviosos al ver pasar un coche que conducía una abuela encantadora y petardeaba de viejo, decidieron tomar el camino de la calle Gallatin, donde vivía Erika Thielmann. O eso creían.

Allí, una vieja casa francesa con patio y balconadas, alojaba a una colección de mujeres de la vida, criollas, mulatas, blancas, mancas, y sus chulos, jaques navajeros de sombrero calado y armas a mano. En el apartamento de Erika, al que sólo subió Jamie, no había nadie. Dentro, vigilaba sentado en una puerta un hombre de aspecto europeo y militar que dijo llamarse "El Kaiser", por su aspecto prusiano. Dijo no saber dónde estaba Erika, y tras conocer la localización de nuestros investigadores, sonrió, dejándole marchar. Fue una visita infructuosa.

Casa típica del barrio francés...


Después de eso, hicieron otra visita al periódico donde trabajaba Michel Durand, periodista y compañero de BB, quien les contó poco del contenido de la caja, aunque les proporcionó una carta muy reveladora que les puso en la pista del padre Sebastian Dugás, de la Catedral de San Luis, cerca del ayuntamiento. Cuando le dejaron marchar, en la lluvia (y con el temor a que les alcanzara algún rayo...), vieron un coche que les seguía con varios matones que, supieron, trabajaban para un tal Johnny Royale, conocido de la fiesta que Dorian dió por el preesteno de su obra. Antes de caer en una balacera, apareció un tipo, un tal Claude Picard que dijo ser el enlace de Bellamy Burton en el barrio negro de Rampart. Les pareció sospechoso, pero no hubo muertos. Y tenían mucha información.

Volvieron al hotel Congo, donde cenaron, vieron a los japoneses con una maleta-estuche larga y tuvieron un encuentro incómodo con ellos. Se fueron los orientales y decidieron seguirles tras los postres. Los tipos fueron a un restaurante... "Restaurante Loto Blanco, de Liu Le".

Era de noche, llovía y estaban cansados. Sin embargo, Björn y Jamie entraron. Pidieron mesa, cerca de los japoneses. Y les ofrecieron, unos orientales que tenían aspecto rufianesco (un camarero de oreja cortada, un cocinero con cuchillos algo repugnante que les sonaba por aspecto al oriental del teatro Knickerboker...) cerdo blanco para cenar. Aceptaron, y mientras intentaban sonsacar algo a los japoneses, se montó... Jamie trató de entrar a la cocina cuando justo empezaba un espectáculo de marionetas, las luces se relajaban y decenas de mariposas encerradas en jaulas de papel revoloteaban. Pero las mariposas resultaron ser...


Los Chialik o mariposas del restaurante, en su momento de esplendor...

Jamie pereció succionado, quedando gris, sin vida, inerte. Björn se marchó del restaurante sin conocer su fatídico destino, y fuera, lo comentó a Walter José y Erica. Cuando Walter José trató de seguir a Jamie al interior del restaurante, también fue atacado y quedó a punto de morir. El asustado Björn, dejando a Angélica en un taxi en marcha, entró, heroicamente, y sacó a un desmayado Walter José, metiéndole en el taxi y huyendo a toda prisa a un hospital...

Ahí podría haber terminado todo. Jamie desaparecido, Walter José al borde de la muerte... Pero soñaron...

Llegó la noche. La medianoche. Los investigadores sufrían cuando... se abrió El Mundo de los Sueños.



Allí volvían a estar, frente a La Ramera y sus cajas. Les volvió a ofrecer un trato. Tras mucha vacilación, Björn aceptó entregar las cinco uñas de su mano izquierda (todas...) a la Ramera, que por cierto seguía con ganas de que la invitaran a ir a la Tierra. Y respondió con una información capital.

"Al que buscáis lo encontraréis debajo de la casa de Angélica. Sin embargo..."

Siguiente sesión, aún en Nueva Orleans, ciudad del Jazz...

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